"Sé que sería posible construír un mundo justo. Por eso vuelvo a empezar sin tregua a partir de la página en blanco. Éste es mi oficio de poeta para la reconstrucción del mundo" Sophia de Mello
For more than four decades, astronauts from many cultures and backgrounds have been telling us that, from the perspective of Earth orbit and the Moon, they have gained such a vision. The overview effect is a cognitive shift in awareness reported by some astronauts and cosmonauts during spaceflight, often while viewing the Earth from orbit or from the lunar surface. It refers to the experience of seeing firsthand the reality of the Earth in space, which is immediately understood to be a tiny, fragile ball of life, hanging in the void.
Las plantas se han extendido entre 400 y 700 kilómetros en los últimos 30 años en las regiones boreales
Mapa de incremento de vegetación (verde y azul), de reducción (naranja y rojo) y sin cambios (amarillo) en los últimos 30 años en el Ártico y las regiones boreales. / NASA GODDARD SPACE FLIGHT CENTER VISUALIZATION STUDIO
Mapa de incremento de vegetación (verde y azul), de reducción (naranja y rojo) y sin cambios (amarillo) en los últimos 30 años en el Ártico y las regiones boreales. / NASA GODDARD SPACE FLIGHT CENTER VISUALIZATION STUDIO
La vegetación de extensos territorios boreales y del Ártico se ha extendido en los últimos 30 años hacia el Norte, entre 400 y 700 kilómetros (entre cuatro y seis grados) más al Sur. Es el efecto del cambio climático: las temperaturas de la superficie terrestre suben, la estación de crecimiento de las plantas es más larga y la vegetación se extiende hacia terrenos en los que antes no podía proliferar. Un equipo internacional ha hecho el seguimiento de este proceso desde 1982 hasta 2011, con la ayuda de datos tomados desde satélite, y muestra cómo las plantas han conquistado con un crecimiento vigoroso extensos terrenos, más de nueve millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente la extensión de Estados Unidos).
“Las latitudes altas del Norte están siendo más templadas, el hielo del océano Ártico y la duración de la cubierta de nieve está disminuyendo, la estación de crecimiento de las plantas está alargándose”, resume Ranga Myneni, científico de la Universidad de Boston y uno de los autores de la investigación, que se publica en la revista Nature Climate Change. “En el Ártico y en las áreas boreales, están cambiando las características de las estaciones, lo que conduce a grandes perturbaciones para las plantas y para los ecosistemas relacionados con ellas”. En la investigación, financiada por la NASA, participan 21 especialistas de 17 instituciones de siete países.
Los científicos, liderados por Liang Xu (Universidad de Boston), han estudiado la relación entre los cambios en la temperatura y el crecimiento de la vegetación desde 45 grados de latitud Norte hasta el Ártico. El territorio cada vez más verde se aprecia en el suelo por el aumento de los arbustos de cierta altura y de los árboles en vastas regiones de todo el Ártico circunpolar, siendo un proceso más acusado en Eurasia que en Norteamérica. Del territorio septentrional con vegetación (26 millones de kilómetros cuadrados), entre el 34% y el 41% muestra aumento del crecimiento de las plantas, mientras que disminuye entre el 3% y 5%, y no se aprecian cambios en los últimos 30 años entre el 51% y el 62% del territorio.
Los científicos achacan el proceso al llamado efecto invernadero amplificado: “El efecto invernadero empieza por el aumento de las concentraciones en la atmósfera de los gases que atrapan el calor, como el vapor de agua, el dióxido de carbono y el metano, provocando el calentamiento de la superficie de la Tierra y del aire a baja altura”, explica Myneni. “El calentamiento provoca una reducción de la extensión del mar congelado y de la cubierta de nieve en los territorios que rodean el océano Ártico, de manera que aumenta la energía solar absorbida por esa superficie que ya no es reflectante. Esto dispara un ciclo de reforzamiento positivo entre el calentamiento y la pérdida de hielo marino y nieve, amplificando así el efecto invernadero de base”. Y puede amplificarse más aún en el futuro a medida que el suelo se descongele en el Norte y emita cantidades potencialmente significativas de dióxido de carbono y metano.
Los investigadores han analizado el efecto con modelos de cambio climático y concluyen que el aumento de las temperaturas puede significar, en el Ártico y las regiones boreales, un desplazamiento de 20 grados de latitud hacia el Norte a finales de este siglo, en comparación con el período 1951-80. Pero hay que tener en cuenta otros fenómenos que tal vez frenen la actual trayectoria de incremento de las plantas: sequías, incendios forestales y enfermedades pueden ralentizar su desarrollo. Además, puntualizan, en su crecimiento no solo influye la temperatura sino también la luz y el agua. Sangram Ganguly, del Centro Ames de la NASA, explica que se ha detectado más crecimiento en los territorios boreales entre 1982 y 1992, que entre 1992 y 2011, debido a las limitaciones de agua en el segundo periodo del estudio. “Los datos de satélite permiten identificar áreas en la zona boreal que son más templadas y más secas, mientras que otras son más templadas, pero más húmedas, y solo en la segundas se aprecia mayor crecimiento de la vegetación”, añade su colega Ramakrishna Nemani, del mismo centro.
Todos estos cambios en el territorio y los ecosistemas afectarán a las poblaciones que viven allí por su impacto, por ejemplo, es suministros como la madera o los alimentos tradicionales, advierte otro de los investigadores del equipo, Bruce Forbes, de la Universidad de Laponia (Finlandia).
“La vida de muchos organismos en la Tierra está íntimamente ligada a los cambios estacionales de temperatura y disponibilidad de alimento, y todo el alimento en tierra procede, en primer lugar, de las plantas”, señala Scott Goetz, del Centro de Investigación Woods Hole (EE UU). “Piense en las migraciones de las aves al Ártico en verano y la hibernación de los osos en invierno: cualquier alteración estacional significativa de la temperatura y la vegetación probablemente tendrá un impacto en la vida no solo en el Norte sino en otros lugares y de forma que aún desconocemos”.
"The largest domestic natural gas drilling boom in history has swept across the United States. The Halliburton-developed drilling technology of "fracking" or hydraulic fracturing has unlocked a "Saudia Arabia of natural gas" just beneath us. But is fracking safe? When filmmaker Josh Fox is asked to lease his land for drilling, he embarks on a cross-country odyssey uncovering a trail of secrets, lies and contamination. A recently drilled nearby Pennsylvania town reports that residents are able to light their drinking water on fire. This is just one of the many absurd and astonishing revelations of a new country called GASLAND. Part verite travelogue, part expose, part mystery, part bluegrass banjo meltdown, part showdown."
Una noche, poco después de la guerra, el capitán descubrió por casualidad, un libro prohibido. Se asomó, leyó un verso, leyó dos versos y ya no pudo desprenderse. El capitán Castañón, héroe del ejército vencedor, pasó toda la noche en vela, atrapado, leyendo y releyendo a César Vallejo, poeta de los vencidos. Y al amanecer de esa noche, renunció al ejército y se negó a cobrar ni una peseta más del gobierno de Franco. Después, lo metieron preso: y se fue al exilio. Eduardo Galeano
Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
... ¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra maestra con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales!
Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños, ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!
Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que esta con su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquélla de la trenza, la calavera , aquélla de la vida!
¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae -digo, es un decir- salid, niños del mundo; id a buscarla!...
La del agua es la historia de la humanidad, una preocupación constante en el origen del progreso de los pueblos. Las grandes civilizaciones nacieron y se desarrollaron cerca de o en torno al agua. Su carácter holístico, su complejidad, su naturaleza de poliedro platónico: el icosaedro, hace que tenga múltiples puntos de vista. No puede abordarse desde un solo ángulo. Ahora, abrumados por lo que se desmorona a nuestro alrededor, cuando buscamos nuevos paradigmas que nos lleven a recuperar la senda del progreso, perdemos de vista lo que emerge más allá de nuestro entorno cercano. Nos anega una inseguridad convertida en la nueva normalidad que destruye la confianza, perdiendo de vista que lo nuevo trata de abrirse paso. Desde la cuestionada abundancia de nuestro mundo desarrollado, tratamos de resolver el ahora sin pensar en un mañana que sin duda será distinto y olvidamos que hay otros espacios en donde las personas malviven. Ese mañana será imposible si no entendemos el agua, tal como ha ocurrido a lo largo de la historia, como el gran vector / bisectriz orientado hacia un futuro mejor en un plano definido por las coordenadas de bienestar y cooperación.
Naciones Unidas ha declarado 2013 Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que afectan mayoritariamente al acceso al agua y el saneamiento. En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos olvidó incluir el agua como derecho fundamental. Se subsanó apenas hace dos años; pero dista de ser realidad en una gran parte del planeta. Le seguridad opulenta de Occidente, de las llamadas sociedades desarrolladas, está en el origen del olvido. Habituados a su disfrute como un producto más de uso y consumo cotidiano, sabemos lo que cuesta pero ignoramos lo que vale. Sin embargo, el agua tiene un papel articulador en el desarrollo de cada comunidad por su impacto en la calidad de vida. Ahora, quizá más que nunca, ocupa un lugar central en la exploración de respuestas para un mundo en crisis y sujeto a profundos cambios porque implica dinamismo, fluidez, libertad…
Hay demasiado ruido semántico en torno al agua. El discurso dominante, al igual que en otros grandes asuntos promovidos por Naciones Unidas como el hambre o el cambio climático, es habitualmente plano, enfático, repetitivo, burocratizado…, con escaso valor añadido, tintes abstractos y declaración de buenas intenciones, de principios trufados de números. Llega a los ciudadanos de modo más bien difuso, fragmentado, cuando no interesado. Hay que conectar el discurso con la realidad de las personas y debemos saludar que, en esta ocasión, se haya puesto el acento en la cooperación porque implica lealtad, alude a la gestión y el uso de los recursos hídricos entre protagonistas diversos, invita a actuar juntos con el objetivo común de alcanzar beneficios colectivos. Será una oportunidad para debatir, divulgar determinados temas y consensuar prioridades.
Hoy, lo que podemos y debemos compartir es el conocimiento. El conocimiento no compartido pierde todo su valor y capacidad dinamizadora de la humanidad. Los más afectados por los problemas son siempre los más desfavorecidos, los más vulnerables, los más pobres. Será una gran ocasión para reflexionar sobre un modelo renovado de colaboración basada en el conocimiento, diferenciada de la solidaridad y la caridad, conceptos ambos de reacción urgente y coyuntural, siempre condenados al olvido. El ciclo del agua y su influencia en el desarrollo de las sociedades no es un fenómeno novedoso, se remonta a las culturas hídricas que están en el origen de las grandes civilizaciones e impulsaron la economía, la cultura, el desarrollo social. El agua sigue siendo un sueño para casi 1.000 millones de personas.
La crisis que nos sobresaltó en 2008 ha distanciado dos polos: la necesidad de compartir y cooperar de la mayoría, frente a la voracidad de atesorar de la minoría. El agua requiere un nuevo enfoque que pasa por poner en el centro de las preocupaciones a las personas, porque es vital para su alimentación y calidad de vida. Motivos más que suficientes para combatir cualquier veleidad especulativa o depredadora. Al contrario, debemos poner el conocimiento atesorado al servicio de la humanidad: aplicar lo que sabemos y aprender, de nuevo, cada vez que aplicamos algo para revertirlo en otros lugares. Esa es la esencia de la cooperación, el trabajo compartido, la búsqueda de objetivos comunes que pasan por el dominio de la tecnología, la innovación, el planeamiento… El agua es una realidad global, pero su problemática concreta es siempre local.
Las personas, el género humano, son el centro de un triángulo cuyos vértices se interrelacionan: agua, energía y alimentos. Las previsiones de crecimiento de la población apuntan a que en apenas unos decenios seremos 9.000 millones de habitantes en el planeta. Los datos y realidades son insoslayables: los objetivos del milenio para 2014 no se van a cumplir, sobre todo en lo que concierne al saneamiento, aunque se ha mejorado sustancialmente el acceso. El crecimiento demográfico y el proceso de concentración urbana que vivimos representa más necesidad de alimentos, más agua para producirlos, más energía para transportarla. Agua y energía han sido realidades inconexas hasta finales del siglo XX. En Occidente no lo valoramos lo suficiente porque tenemos ambas cosas. Sin embargo, es un sueño para casi 1.000 millones de personas. Estas diferencias abismales nos hacen concluir que el modelo hídrico actual no es solo ecológicamente inviable sino también humanitariamente insostenible.
Ese triángulo remite otro formado por el talento, el conocimiento y el compromiso que a su vez implican capacidad de compresión y actitud receptiva ante las necesidades de los demás y las singularidades de cada lugar. Tierra / cultivos y personas / alimentos están expectantes ante una posible mejora. Ello, a su vez, generará innovación, tecnología, eficiencia…, desarrollo en fin. Un objetivo imposible si no prevalece la sensatez, a nivel local y global. La gestión eficiente de los recursos es un componente esencial de la lucha contra la pobreza en el mundo. Perviven visiones enraizadas en el pasado, en la cultura y el sentir de las personas que dificultan sintonizar con una nueva política del agua que responda a esta realidad cambiante y esté alejada de la avidez especulativa. Una nueva perspectiva trasciende la idea de negocio, entendido como mero resultado del manejo del ciclo de captación, tratamiento, distribución, depuración… sin tener en cuenta los desafíos, la forma de hacerles frente, el entorno y hasta la concepción del propio elemento. Debe traducirse en actuaciones concretas en cada lugar, compete a todos los agentes implicados. Estamos obligados a colaborar para dar paso al futuro. Los problemas del agua en el mundo no se deben tanto a la escasez como a una mala gestión del recurso. Es una cuestión de buena gobernanza: en las condiciones actuales, la búsqueda de un futuro de progreso exige más que nunca la colaboración entre los sectores público y privado, una buena orquestación de iniciativas y esfuerzos. De lo contrario, no encontraremos la salida del laberinto. Este ha sido el problema principal de países como España donde se ha confundido especulador con emprendedor, financiación con iniciativa.
Los ciudadanos, sus representantes, las instituciones, el ámbito de la investigación y la tecnología, las empresas, los medios de comunicación… todos, en definitiva, estamos convocados a aunar esfuerzos para construir un discurso comprensible, integrado, movilizador y ajeno a cualquier vacío ético. El cambio que necesitamos, ese nuevo paradigma a que aspiramos, solo será realidad con credibilidad, confiabilidad, institucionalidad. El planeta es un espacio global en donde saber compartir debería formar parte de la realidad cotidiana como esencia profunda del género humano. Son tiempos nuevos, en los que el bienestar, el progreso y la calidad de vida solo podrán abrirse camino compartiendo talento, tecnología y conocimiento para dejar de ser náufragos a la deriva, producto de una crisis cósmica.
Ángel Simón es presidente ejecutivo de Agbar y presidente de Aqualogy.
"Ya poca Palestina queda. La implacable devoración del mapa invoca títulos de propiedad, generosamente otorgados por la Biblia, y se justifica por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió. La cacería de judíos fue, siempre, una costumbre europea; pero los palestinos pagan esa deuda ajena". Eduardo Galeano
LA GUERRA ANUNCIADA
De nuevo, los pueblos palestino e israelí se convierten en rehenes y víctimas de la política desastrosa de sus dirigentes. Más muertos, heridos, tragedias humanas. ¿Por qué esta vez? Varias son las razones: por parte de Israel, la preparación de las elecciones legislativas que el jefe de Gobierno, Benjamin Netanyahu, quiere ganar en detrimento de la “extrema” derecha que forma parte de su coalición gubernamental. En este caso, nada mejor que un enfrentamiento con los palestinos para demostrar que es él quien puede “defender” mejor a los israelíes. Para ello, asesina al jefe militar de Hamás, lo que provoca la reacción inmediata de este movimiento con disparos de cohetes sobre Israel.
Los israelíes también han anunciado claramente su intención de torpedear a la Autoridad Palestina, si ésta continua buscando la proclamación del Estado palestino en la Asamblea General de la ONU. El 24 de octubre, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, político ultraderechista, afirmó en una charla con la representante de la Unión Europea, Catherine Ashton, que, en el caso de que la demanda palestina prosperase, no quedaría más remedio que “derribar” a Abbas y destrozar la Autoridad Nacional Palestina. Quizá los bombardeos sobre Gaza son el primer paso de dicha voluntad.
En la misma línea, la estrategia israelí de asesinatos “planificados”, puesta en marcha con total impunidad desde hace más de quince años, permite reanimar el conflicto cada vez que surge una chispa de solución política. Este derecho de matar y de derribar gobiernos, añadido a la sospecha de que los servicios de seguridad de Israel envenenaron a Yasir Arafat, da una idea de hasta dónde puede llegar el Estado hebreo. Finalmente, es también muy probable que los dirigentes israelíes, de acuerdo con algunos sectores del poder estadounidense, busquen, en caso de conflicto con los palestinos, probar la reacción de los Hermanos Musulmanes ahora en el poder en Egipto.
Por otra parte, la Autoridad Palestina y Hamás se encuentran también en una carrera electoral. Hamás tiene interés en radicalizar el enfrentamiento militar con los ocupantes israelíes, y la Autoridad, dirigida por Mahmud Abbas, necesita conseguir algo para poder enfrentarse a sus adversarios religiosos, pues es evidente que la elección de la paz negociada al amparo de la comunidad internacional ha fracasado. Un Estado palestino al lado de Israel parece cada vez más una quimera; al revés, la “cohabitación” armada y sangrienta entre los dos pueblos se está convirtiendo en un destino implacable.
En realidad, estamos ante una guerra de los cien años, que, con la diseminación de armas de destrucción masiva, acabará en una conflagración destructora, no sólo para ambos adversarios, sino para toda la región. No es una amenaza lejana. La balcanización a la que estamos asistiendo, con la destrucción probable del Estado-nación sirio después del de Irak; el auge de los movimientos radicales religiosos, ahora directamente apoyados por las potencias occidentales; la posibilidad de un bombardeo israelí sobre Irán; la reacción inevitable de este país directamente sobre Israel y sobre los países proamericanos del Golfo, de hecho aliados de Israel (especialmente Arabia Saudí); además de la intervención inevitable de Hezbolá en el sur de Líbano son los ingredientes que están hirviendo en la región. Con la guerra civil siria como telón de fondo, los bombardeos israelíes en Gaza encienden la mecha del conflicto en la región. Bachar el Asad, entre la espada y la pared, también puede reaccionar provocando el enfrentamiento directo con Israel. De modo que la primavera árabe en Oriente Próximo podría desembocar en un infierno para todos.
Esta situación, dramáticamente peligrosa, se está dando en un contexto geopolítico muy incierto. Barack Obama acaba de ser reelegido, pero Israel no confía mucho en él. El enfrentamiento actual en Gaza, el apoyo incondicional de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, demuestra que, de momento, Israel se sigue beneficiando de la solidaridad del presidente norteamericano. En Rusia, Vladímir Putin afronta una situación interna agitada y, en China, Xi Jinping, nombrado nuevo emperador comunista, necesitará tiempo para adaptarse a este contexto. Con lo que la impotencia internacional está garantizada. Para definir este tipo de situación, el filósofo Francis Herbert Bradley decía amarga e irónicamente: “Cuando todo va mal, no debe ser tan malo probar lo peor”. Así que los apóstoles de la guerra pueden prosperar libremente en Oriente Próximo.
Photographs by Brent Stirton, Reportage by Getty Images
IN JANUARY 2012 A HUNDRED RAIDERS ON HORSEBACK CHARGED OUT OF CHAD INTO CAMEROON’S BOUBA NDJIDAH NATIONAL PARK, SLAUGHTERING HUNDREDS OF ELEPHANTS—entire families—in one of the worst concentrated killings since a global ivory trade ban was adopted in 1989. Carrying AK-47s and rocket-propelled grenades, they dispatched the elephants with a military precision reminiscent of a 2006 butchering outside Chad’s Zakouma National Park. And then some stopped to pray to Allah. Seen from the ground, each of the bloated elephant carcasses is a monument to human greed. Elephant poaching levels are currently at their worst in a decade, and seizures of illegal ivory are at their highest level in years. From the air too the scattered bodies present a senseless crime scene—you can see which animals fled, which mothers tried to protect their young, how one terrified herd of 50 went down together, the latest of the tens of thousands of elephants killed across Africa each year. Seen from higher still, from the vantage of history, this killing field is not new at all. It is timeless, and it is now.
THE PHILIPPINES CONNECTION
(...) 5.4 tons of illegal ivory where seized by customs agents in Manila in 2009, 7.7 tons seized there in 2005, and 6.1 tons bound for the Philippines seized by Taiwan in 2006. Assuming an average of 22 pounds of ivory per elephant, these seizures represent about 1,745 elephants. According to the Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora (CITES), the treaty organization that sets international wildlife trade policy, the Philippines is merely a transit country for ivory headed to China. But CITES has limited resources. Until last year it employed just one enforcement officer to police more than 30,000 animal and plant species. Its assessment of the Philippines doesn’t square with what Jose Yuchongco, chief of the Philippine customs police, told a Manila newspaper not long after making a major seizure in 2009: “The Philippines is a favorite destination of these smuggled elephant tusks, maybe because Filipino Catholics are fond of images of saints that are made of ivory.” On Cebu the link between ivory and the church is so strong that the word for ivory, garing, has a second meaning: “religious statue.”
THE CATHOLIC-MUSLIM UNDERGROUND
“Ivory, ivory, ivory,” says the saleswoman at the Savelli Gallery on St. Peter’s Square in Vatican City. “You didn’t expect so much. I can see it in your face.” The Vatican has recently demonstrated a commitment to confronting transnational criminal problems, signing agreements on drug trafficking, terrorism, and organized crime. But it has not signed the CITES treaty and so is not subject to the ivory ban. If I buy an ivory crucifix, the saleswoman says, the shop will have it blessed by a Vatican priest and shipped to me.
(...) Father Jay points to a Santo Niño holding a dove. “Most of the old ivories are heirlooms,” he says. “The new ones are from Africa. They come in through the back door.” In other words, they’re smuggled. “It’s like straightening up a crooked line: You buy the ivory, which came from a hazy origin, and you turn it into a spiritual item. When I ask how new ivory gets to the Philippines, he tells me that Muslims from the southern island of Mindanao smuggle it in. Then, to signal a bribe, he puts two fingers into my shirt pocket. “To the coast guards, for example,” he says. “Imagine from Africa to Europe and to the Philippines. How long is that kind of trip by boat?” He puts his fingers in my pocket again. “And you just keep on paying so many people so that it will enter your country.”
It’s part of one’s sacrifice to the Santo Niño—smuggling elephant ivory as an act of devotion.
(...) The Philippines’ ivory market is small compared with, say, China’s, but it is centuries old and staggeringly obvious. Collectors and dealers share photographs of their ivories on Flickr and Facebook. CITES, as administrator of the 1989 global ivory ban, is the world’s official organization standing between the slaughter of the 1980s—in which Africa is said to have lost half its elephants, more than 600,000 in just those ten years—and the extermination of the elephant. If CITES has overlooked the Philippines’ ivory trade, what else has it missed?
CHINA’S IVORY FACTORIES
At the time of the ivory ban, Americans, Europeans, and Japanese consumed 80 percent of the world’s carved ivory. Today in the heart of Beijing, dealerships offering Maseratis, Bentleys, and Ferraris rub shoulders with Gucci and Prada. Nearby is the Beijing Arts and Crafts Emporium, whose first-floor ATM dispenses 24-karat gold bars. Up the escalator, past galleries of jade and silk, the main ivory boutique sparkles like a snow-covered Tiffany’s. One of the first items I notice is a carved ivory Guanyin behind glass with so many zeros on its price tag I have to ask for help—1360000.00 (about $215,000).
By all accounts, China is the world’s greatest villain when it comes to smuggled ivory. In recent years China has been implicated in more large-scale ivory seizures than any other non-African country. For the first time in generations many Chinese can afford to reach forward into a wealthy future, and they can also afford to look back into their own vibrant past. One of the first places many look is religion.
Just as some Filipino priests baptize ivory images, Buddhist monks perform a ceremony called kai guang, the opening of light, to consecrate religious icons. “Ivory is very precious,” Xue tells me, “so to be respectful of the Buddha one should use precious material. If not ivory then gold. But ivory is more precious.” It is a version of the same message I heard from Filipino Catholics: Ivory honors God. There are nearly 200 million Buddhism believers in China. The government has licensed at least 35 carving factories and 130 ivory retail outlets and sponsors ivory carving at schools like the Beijing University of Technology.
THE JAPAN EXPERIMENT
In 1989, after ten years during which at least one elephant died every ten minutes, President George H. W. Bush unilaterally banned ivory imports, Kenya burned its 13 tons of ivory stocks, and CITES announced the global ivory ban, which began in 1990. Not all countries agreed to the ban. Zimbabwe, Botswana, Namibia, Zambia, and Malawi entered “reservations,” exempting them from it on the grounds that their elephant populations were healthy enough to support trade. In 1997 CITES held its main meeting in Harare, Zimbabwe, where President Robert Mugabe declared that elephants took up a lot of space and drank a lot of water. They’d have to pay for their room and board with their ivory. Zimbabwe, Botswana, and Namibia made CITES an offer: They would honor the ivory ban if they were allowed to sell ivory from elephants that had been culled or had died of natural causes.
CITES agreed to a compromise, authorizing a one-time-only “experimental sale” by the three countries to a single purchaser, Japan. In 1999 Japan bought 55 tons of ivory for five million dollars. Almost immediately Japan said it wanted more, and soon China would want legal ivory too. If Kenya’s Daniel arap Moi is the father of the ivory ban, then Zimbabwe’s Robert Mugabe is the father of its first rupture.
Before it would allow another ivory sale, CITES demanded the results of the Japan experiment: Had the sale increased crime? Specifically, had elephant poaching or ivory smuggling gone up? To find out, it launched one program to count illegally killed elephants and another to measure ivory smuggling. For a science-based organization, it was an odd way to conduct an experiment. CITES had approved the sale and had then set about constructing a way to gauge its impact, which is a bit like pushing the button to test the first atomic bomb and then building a device to measure the explosion.
It’s easy to kill an elephant (lately poachers in Kenya and Tanzania have been using poisoned watermelons), but it’s hard to locate dead bodies, and it’s taken CITES years to get the counting program running. Since CITES also had problems calculating how much elephant poaching was going on, it might have declared the Japan experiment inconclusive, or even a failure.
A failure is what China considered it. In a 2002 report China warned CITES that a main reason for China’s growing ivory-smuggling problem was the Japan experiment: “Many Chinese people misunderstand the decision and believe that the international trade in ivory has been resumed.” Chinese consumers thought it was OK to buy ivory again.
In July 2008 the CITES secretariat endorsed China’s request to buy ivory, a decision supported by Traffic and WWF. Member countries agreed, and that fall Botswana, Namibia, South Africa, and Zimbabwe held auctions at which they collectively sold more than 115 tons of ivory to Chinese and Japanese traders.
As a test for whether ivory sales increase crime, the Japan experiment was flawed. As a prognosticator for China, it had deeper problems. Japan is an island nation with a narrow primary use for its ivory: signature stamps called hanko. China shares borders with 14 countries; it has a vast coastline, a booming economy, ten times the population, a separate system for ivory-loving Hong Kong, extensive investment in Africa, and uses for ivory ranging from sculptures to cell phone covers. After Japan bought ivory, China said its smuggling problem went up. Now China itself was entering the ivory business. CITES urged the world not to worry.
DEVILS LURK IN DETAILS
There is one final flaw in the CITES decision to let China buy ivory. To win approval, China instituted a variety of safeguards, most notably that any ivory carving larger than a trinket must have a photo ID card. But criminals have turned the ID-card system into a smuggling tool. In the ID cards’ tiny photographs, carvings with similar religious and traditional motifs all look alike. A recent report by the International Fund for Animal Welfare found that ivory dealers in China are selling ivory carvings but retaining their ID cards to legitimize carvings made from smuggled ivory. The cards themselves now have value and are tradable in a secondary market. China’s ID-card system, which gives a whiff of legitimacy to an illegal icon, is worse than no system at all.
(...) Even more precious than the savanna elephant’s white ivory is the yellow ivory of the smaller, forest elephant. Trouble is, forest elephants don’t live in any of the countries where China legally bought ivory. They live in central and western Africa, including in Cameroon, the country raided by Muslim poachers earlier this year.
Ahora mismo nos hacen los presupuestos en Alemania y la ropa en China. La ropa nos cae bien, pero los presupuestos nos sientan como un tiro porque están pensados para el bienestar de los alemanes, no para el nuestro. Viene a ser como si Zara llenara sus tiendas españolas de chilabas, que aquí no se llevan. Nos daría igual que los presupuestos nos los hiciera Merkel si ella pusiera también la pasta. Pero la pasta la ponemos nosotros, que estamos hasta aquí de impuestos directos e indirectos. Es como si el vecino nos dijera en qué debemos gastar o en qué no debemos gastar. Y no nos vengan con el rollo de que el vecino ordena nuestras vidas porque se le debe un dinero. Sabía cuando lo prestó, a quien se lo prestara, que no se le podría devolver. Eso, en Derecho, recibe el nombre de deuda injusta; lejos de saldarla, debe llevar al acreedor a la cárcel. Pero todavía estamos esperando que los hijos de perra que nos condujeron a la ruina con sus prácticas financieras fraudulentas sean juzgados, cosa improbable si pensamos que del mismo modo que nos hacen la ropa en China y los presupuestos en Alemania, Ruiz Gallardón pretende que la justicia nos la hagan en Corea, donde las sentencias se redactan a precio de risa y sin el estorbo de los abogados de oficio, que no existen.
Nos pasamos el día preguntándonos si Cataluña es España, cuando a la Constitución española le están cortando las mangas en Bélgica y las normas antitabaco, por no hablar de la legislación laboral, nos las dicta un tal Adelson, que viene de Las Vegas y es un presunto gánster de cuidado. La pregunta debería ser si España es España. En las dictaduras militares te callan la boca y te aplican la picana. En las económicas te dejan hablar (a menos que se te ocurra hacerlo cerca del Congreso), pero te despluman como nos están desplumando a usted y a mí.
Selous is the largest Game Reserve in Africa, inhabited by the most important populations of the critically endangered species like wild hunting dogs or East African elephants.
The UNESCO describes the Game Reserve as an immense sanctuary of 50,000 km2 which is “relatively undisturbed by human impact” and which is inhabited by “large numbers of elephants, black rhinoceroses, giraffes, hippopotamuses and crocodiles”. The reserve has a “variety of vegetation zones, ranging from dense thickets to open wooded grasslands”.
Now the UNESCO has accepted a boundary change of the Reserve which enables the mining of uranium in the conservation area for supplying nuclear power plants. The planned mine is situated in an elephant corridor between Tanzania and Mozambique. They describe this unbelievable act as a “minor boundary change”. However, this means approximately 200 km2 that will no longer be part of the protected area.
Several environmental groups accuse the UNESCO of failure and irresponsibility. Their decision appears to be influenced by corporate and lobby interests. PAN Parks Foundation also joined to the protest against UNESCO’s decision.
We must not let a World Heritage site be sacrificed! Please support the letter of protest to the UNESCO and share this campaign. To read the letter, please click here.
WWF ha analizado los24 Grandes Incendios Forestales (GIF) que se han producido en nuestro país, hasta el pasado 5 de agosto, y detecta que enmás del 65% de los siniestros el fuego ha afectado a importantes espacios protegidos.Parques Nacionales y Naturales, enclaves Red Natura 2000 y Reservas Naturales están sufriendo este año los efectos devastadores de las llamas.
Espacios emblemáticos como el Parque Nacional de Garajonay (La Gomera), donde se ha visto afectado el 9% de su extensión, así como el Parque Natural del Alto Tajo (Guadalajara) o el de las Fragas de Eume (A Coruña) han sufrido el impacto de las llamas. WWF destaca que el 47,6 % de nuestros bosques está bajo alguna figura de protección. Es una cifra aparentemente positiva, aunque en la realidad nos encontramos ante una ausencia general de gestión planificada. Como ejemplo, sólo el 9% de los espacios Red Natura 2000 tienen planes de gestión aprobados. Es importante subrayar que la deficiente gestión en nuestros bosques es una debilidad que alimenta los incendios.
WWF ha desarrollado un Mapa del Fuego que engloba el avance de los incendios hasta el momento enEspaña. Esta herramienta geográfica informa sobre los espacios protegidos afectados y las especies vegetales quemadas, junto al número de hectáreas que han ardido en cada incendio y su localización. Cabe destacar que el fuego ha arrasado más de 135.000 hectáreas por el momento, una superficie superior a la isla de Gran Canaria.
WWF recuerda que conservar nuestros bosques asegura la calidad de vida de generacionespresentes y futuras. Ya que cumplen funciones indispensables: regulan el ciclo del ciclo del agua y nutrientes, son refugios para la biodiversidad y ecosistemas fundamentales en la lucha contra el cambio climático.
By Sonali Ghosh, Chandra Kumar in Solutions for a Sustainable and Desirable Future Volume 3 | Issue 4 | Aug 2012.
Efforts to protect India's Kaziranga National Park, by engaging local communities, providing employment, and collaborating with local government, have modeled the value of effective conservation for the past 25 years. Nearby Manas National Park has struggled to replicate this success.
In 1985 the United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO) designated two world heritage sites in the tiny, mountainous province of Assam in northeastern India. UNESCO had sweeping ambitions to conserve the region's rich ecosystem of tigers, one-horned rhinos, elephants, wild buffalo, and swamp deer. The Kaziranga National Park lay on Assam’s alluvial floodplains along the Brahmaputra River, while Manas National Park hugged the foothills of the Bhutanese Himalayas. Yet these two parks, just 100 miles apart, and once joined by dense forest, were to experience very different fates over the following 25 years. Where Kaziranga has thrived, and its population of flagship rhinos quintupled, poachers have wiped out Manas’ own rhino population and its habitat has been pillaged. This tale of two parks offers an important lesson on how to maintain healthy ecosystems: the welfare of local people, their engagement, and the alignment of political will across geographical scales are often critical to a park’s long-term success.
Trouble began early on in the Manas world heritage site. In 1989 armed gunmen from the Bodo ethnic group, who had been fighting for a separate province for decades, attacked Manas’ recently constructed office and residential quarters for the local park rangers.1 Further park facilities were attacked in the coming months and years, with regular cases of murder, kidnapping, and extortion of rangers, who were understandably hesitant about patrolling the park.1 As the law and order situation deteriorated, local poachers wiped out the 80-odd population of rhinos by 1995.2 Tiger and elephant poaching were also reported.3 Herbivores fell prey as well, especially swamp deer, whose population dropped from 450 in 19923 to less than 20 animals at present.4 The normal habitat management activities such as controlled burning of grasslands, desilting of water bodies, and prevention of livestock grazing could not be carried out, and the overall habitat quality deteriorated.5,6
The downfall of Manas therefore traced a predictable pattern of succession: the alienation of local communities, followed by breakdown of government machinery, local extinction of sensitive species, and finally an irreversible change in the landscape and permanent loss of the knowledge needed to guide future treatment and corrective measures. Was Manas simply the victim of this concurrent struggle for independence? The answer lies in a comparison with Kaziranga National Park, which also suffered from proximity to insurgent groups like the Bodo. In the early 1990s, Kaziranga’s mega fauna were also heavily poached but, by the turn of the millennium, signature populations had not only stabilized, they were well on their way to doubling.
Kaziranga had several natural advantages over Manas. The park started with larger animal populations, and thus could better absorb heavy poaching. Terrain also played a part: animals like rhinos and pygmy hogs are specialist grazers and, in the Manas hills, grasslands were small and compact compared to Kaziranga, making the work of poachers easier. This was true as well for the Manas’ Bengal florican, an endangered bustard (related to the crane) that uses select grassland pockets for breeding. The lack of habitat management in Manas also reduced viable grazing land due to rapid forest encroachment. Heavy monsoon rains in the Beki River routinely cut the park from access and ecotourism slumped as a result.
On the sociocultural side, the Assam-centered politics effectively ignored the troubles in Manas, whereas the proximity of Kaziranga to the capital and its importance as the “pride of Assam” compelled the government to provide special funds and manpower. But could Manas' fate have been avoided?
At each stage these distinct challenges could likely have been overcome, but Manas did not effectively factor local politics and communities into its plan. Space for politics in natural resource conservation is fundamental to its long-term success.
By contrast, Kaziranga Park continued to allow communal grazing in buffer areas. It also had the advantage of relative ethnic homogeneity in surrounding villages, which by and large did not support the insurgent groups.3 Its recovery has been impressive: With the end of the insurgency in 1997, poaching numbers of animals like the rhino have been reduced to single digits, with the exception of 2007, when management was particularly (and briefly) poor.7 Once the animal populations stabilized and the patrolling and monitoring mechanisms were in place, the park authorities could concentrate on habitat management activities. The park area was also doubled to include some of the adjoining forests and riverine areas. Though this increase required relocating a few fringe villages and acquiring lands from private plantations, the process generally occurred quite amicably. Camera-trap studies by research organizations indicated that Kaziranga habitat supports one of the highest tiger densities in the world. Recognizing this, the park’s status was upgraded to a tiger reserve, which meant more funds and special focus on tigers and their prey within the management plan. At present, the park holds the world’s largest population of wild tigers and, with its substantial force of field staff and ground infrastructure, has become an international model for park management.
As for the Manas National Park—once again, only 100 miles away—its path has been rocky, but there are signs of lessons learned. One significant development was the 2005 creation of the Bodoland Territorial Areas District, an autonomous district council vested with legislative and financial powers under the Indian Constitution and elected to power. This brought with it the signing of a peace accord, and the newly elected politicalrepresentatives have prioritized the protection of Manas. Primary infrastructure such as all-weather approach roads and bridges to the park were constructed, and anti-poaching camps were reconstructed. Patrolling and wildlife monitoring has been taken up on a priority basis and scientific studies to ascertain the status of key species have been undertaken with the help of research organizations.8,9
Preliminary investigations revealed that tigers, elephants, gaurs, and the Asiatic wild buffalo were present in low numbers, whereas populations of rhino and swamp deer were nearly wiped out. A comprehensive rhino reintroduction plan was devised in 2005 that suggested reintroducing rhinos to Manas from Kaziranga and other national parks. Currently, there are 22 rhinos that have been reintroduced under this program.
The highlight of the recovery, though, has been the unique way in which the participation of local youth has been actively sought for the management of Manas and its buffer regions. The past sociopolitical situation in the region had forced many of the uneducated youth toward poaching and petty timber felling—the easy, perhaps only, means available to earn money. After the formation of a stable local government, these youth were employed as conservation volunteers on a monthly stipend and ration. They assisted the forest department in surveillance and patrolling activities. With the help of national and international nongovernmental organizations (NGOs), some of the youth were also trained to act as nature guides for small ecotourism enterprises. At present, there are more than 1,400 such conservation volunteers supported by the Bodoland Territorial Areas District government in at least 10 different locations spanning a total area of more than 2,840 square kilometers. Through this initiative, the local people now have a stake in protecting the park and a sense of pride in having such a biodiversity-rich area nearby. Indirectly, the recovery of Manas has also generated broad environmental awareness and kept the local, semi-educated population employed. Previously, there was seldom any work besides farming, which is seasonally specific and provides low wages.10 This local engagement combined with a more stable and amenable government has helped stave off and reverse the decline of Manas National Park.
Although one-size-fits-all solutions to park management may be counterproductive, a careful examination and nuanced understanding of failures at one location provides important lessons for other parks facing similar problems. In our opinion, parks in India carry two prime objectives: first, protection from exploitation of the target species, and, second, long-term preservation in a natural state. Often such frameworks remain inflexible and exclusive to the local stakeholders. Continuous neglect of these dynamics produces an environment of mistrust and exploitation until the park itself becomes a potent and destructive symbol of disempowerment. Manas National Park is just beginning to glimpse what an alternative future might hold.
Agroecology is a scientific discipline that uses ecological theory to study, design, manage and evaluate agricultural systems that are productive but also resource conserving. Agroecological research considers interactions of all important biophysical, technical and socioeconomic components of farming systems and regards these systems as the fundamental units of study, where mineral cycles, energy transformations, biological processes and socioeconomic relationships are analyzed as a whole in an interdisciplinary fashion.
Agroecology is concerned with the maintenance of a productive agriculture that sustains yields and optimizes the use of local resources while minimizing the negative environmental and socio-economic impacts of modern technologies. In industrial countries, modern agriculture with its yield maximizing high-input technologies generates environmental and health problems that often do not serve the needs of producers and consumers. In developing countries, in addition to promoting environmental degradation, modern agricultural technologies have bypassed the circumstances and socio-economic needs of large numbers of resource-poor farmers.
The contemporary challenges of agriculture have evolved from the merely technical to also include social, cultural, economic and particularly environmental concerns. Agricultural production issues cannot be considered separately from environmental issues. In this light, a new technological and development approach is needed to provide for the agricultural needs of present and future generations without depleting our natural resource base. The agroecological approach does just this because it is more sensitive to the complexities of local agriculture, and has a broad performance criteria which includes properties of ecological sustainability, food security, economic viability, resource conservation and social equity, as well as increased production.
To put agroecological technologies into practice requires technological innovations, agriculture policy changes, socio-economic changes, but mostly a deeper understanding of the complex long-term interactions among resources, people and their environment. To attain this understanding agriculture must be conceived of as an ecological system as well as a human dominated socio-economic system. A new interdisciplinary framework to integrate the biophysical sciences, ecology and other social sciences is indispensable. Agroecology provides a framework by applying ecological theory to the management of agroecosystems according to specific resource and socio-economic realities, and by providing a methodology to make the required interdisciplinary connections.
Monster Waves... Tricky Lighting... Astounding risk... Timeless Photographs."The Shorebreak Art of Clark Little" is nothing short of epic. Getting inside, over and under 30-40 foot waves is no small feat, especially with bulky camera equipment, and a goal of finding that perfect angle and lighting condition that makes a perfect shot. (all images copyright Clark Little)
Clark Little is pretty well known today as the foremost shorebreak art photographer (his art has been seen on "Good Morning America", and featured in a number of glossy magazines all over the world). But as much as we like the fantastic shots of various wave' innards, we are even more impressed to see him pitched against dangerous, massive amounts of water - violent waves, where you only have a moment to make that shot and to get out of the harm's way. Into the Vortex!
Encounter with a Wave:
The Result: Out of This World
Unusual, over-saturated colors show up inside crystal clear waves, reflecting kaleidoscopic world around them:
Here is perhaps his most famous image: the wave's "mohawk", an amazingly colorful splash, featured recently inside National Geographic magazine:
Can't get the computer screen wide enough and HD TV capable enough to give justice to Clark Little's slices of glorious wave eye-candy? Well, now you can order his book, a coffee table-sized huge book, in fact arguably a "mother of all coffee table books": 182 pages, over 100 photographs, 12x12 size, weighing close to 7 pounds.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) calcula que cada 1,6 kilómetros cuadrados de agua océanica contiene 46.000 piezas de basura flotante, la mayoría desechos plásticos. Un cóctel explosivo que alcanza su máximo exponente en el Pacífico, donde la corriente en vórtice del Pacífico Norte atrae y concentra como un remolino millones de toneladas de residuos plásticos en una región de 1,7 millones de kilómetros cuadrados —más o menos como tres Españas—. Se la conoce, tristemente, como la gran placa de basura del Pacífico o el «séptimo continente», situado a mitad de camino entre Hawai y Norteamérica, y con un peso que se calcula en unos 3,5 millones de toneladas.
Pues bien, le ha salido un serio competidor en el Atlántico Norte occidental. Hace unos meses ya se apuntó esta idea en la reunión de Ciencias Oceánicas en Portland (Oregón, Estados Unidos), pero ahora un grupo de investigadores de la Asociación de Educación Marina, la Institución Oceanográfica Woods Hole (Massachusetts) y la Universidad de Hawai, ha presentado los resultados de las expediciones realizadas a la zona durante dos décadas en la revista «Science», demostrando que lo que allí se concentra es un verdadero basurero flotante.
Por medio de finas redes que recogieron pequeñas piezas de plástico de la superficie marina, los científicos descubrieron en miles de muestras recogidas en viajes entre Canadá y el Caribe durante 22 años que en una región del océano Atlántico, aproximadamente entre la latitud de Cuba y el norte de Estados Unidos, a más de 1.000 kilómetros mar adentro, más o menos con su centro en el mar de los Sargazos, los desechos estaban más concentrados y permanecían en la superficie por períodos de tiempo más largos, entre diez y cien años.
Las corrientes.
La razón para que la basura se acumule ahí está, al igual que en la gran placa de basura del Pacífico, en las corrientes, en este caso, dominadas por el Giro subtropical del Atlántico Norte, que gira en el sentido de las agujas del reloj entre la Corriente del Golfo al norte y las que circulan hacia el oeste a lo largo del Trópico de Cáncer.
Un área en el que los investigadores recolectaron con 6.100 redes de plancton en otras tantas localizaciones unos 64.000 trozos de plástico del tipo que se utiliza para fabricar bolsas, tapones de botella y otros envases de uso doméstico. La mayoría no superaban el tamaño de la goma de borrar de un lápiz. La mayor concentración de plásticos se encontró en una zona cuyo centro está a la altura del paralelo 32ºN, más o menos la latitud a la que se encuentra Atlanta, y que se extiende del paralelo 22ºN al 38ºN. Aquí se recogieron el 83% de los desechos plásticos encontrados.
La mayor muestra recolectada en una sola red que estuvo en el agua 30 minutos fue de 1.069 piezas plásticas, que equivaldría a 580.000 piezas por kilómetro cuadrado, comparable a la concentración que se da en el séptimo «continente» en el Pacífico. En estudios anteriores realizados en el Atlántico desde los años setenta, las mayores muestras recogidas equivalían a entre 12.000 y 167.000 piezas por kilómetro cuadrado. A pesar de estas altas densidades que se alcanzan en ciertas regiones, las partículas de plástico son pequeñas y, en muchos casos, microscópicas.
Por el contrario, las menores concentraciones se dieron en las redes cercanas a tierra a lo largo de la costa de Florida, en el Golfo de Maine y cerca de las islas de Caribe, aproximadamente entre 200 y 2.300 piezas por kilómetro cuadrado. A esto ayuda con su fuerza la corriente del Golfo, pues los investigadores han calculado que siguiendo ese flujo los desechos solo tardan 40 días en alcanzar el centro del «basurero» desde lugares como Washington o Miami, menos de la mitad de lo que tardarían si procedieran de Europa o África.
Buscando la basura perdida.
Las corrientes no han cambiado y se sabe que cada vez se arroja más basura a los mares. ¿Entonces por qué los datos recogidos durante 22 años (entre 1986 y 2008) no revelan una tendencia al alza en la concentración de residuos en esa zona del Atlántico? «Sabemos que la producción mundial de plásticos se ha incrementado sustancialmente durante ese período y también los desechos», afirma Kara Lavender Law, de la Asociación de Educación Marina en Woods Hole y autora principal del estudio. «Si hay más basura plástica, es difícil suponer que no llegue más al océano. Hay plástico “perdido” allá fuera», asegura la investigadora.
Lo que puede estar ocurriendo con esos desechos plásticos lo apuntan un grupo de investigadores en el Boletín de Contaminación Marina, y sugieren tres explicaciones posibles: bien el plástico se descompone en piezas tan pequeñas que no es posible capturarlas con la red; bien el crecimiento biológico en ellas altera sus características físicas haciendo que se hundan, o bien acaban siendo digeridas por animales marinos.
Sin embargo, los investigadores consideran que se necesita más investigación y comprobaciones para aclarar este misterio y dónde se encuentra o qué ha ocurrido con el resto de residuos plásticos. Algunos sugieren que las partículas de plástico, que no son biodegradables y que pueden contener sustancias tóxicas, son perjudiciales para los peces, los mamíferos marinos y potencialmente los seres humanos, si estas sustancias son capaces de «viajar» por la cadena alimentaria. Además estos plásticos acarrean más peligros, pues hay especies que pueden ser transportadas por ellos hasta lugares a miles de kilómetros de su lugar de origen, lo que puede suponer serios problemas en el hábitat de «acogida».ARACELI ACOSTA. MADRID 23/08/2010.
As the protection and management of the environment is one of the pillars of Rwanda’s Vision 2020, the “country of a thousand hills” has undertaken many initiatives to protect ecosystems for income generation and good governance. Several of these projects, including the initiative to preserve the Rwandan mountain gorilla and wetland restoration efforts in the Nyabarongo-Akagera network and Rugezi, are already beginning to reap environmental, economic, and employment benefits.
Rwanda is home to the Gorilla beringei graueri, which is one of the world’s rarest species of gorilla. By collaborating with the Democratic Republic of Congo and Uganda in a shared commitment to ecosystem restoration, Rwanda has helped to restore the population of this critically endangered species to a slight increase in the Virungas National Park.
In addition to the ecological benefits of preserving a threatened species, this scheme to protect the Rwandan mountain gorilla is also generating substantial revenues from tourism. The country’s booming tourism industry, which now accounts for the biggest share of national GDP, is driven primarily by the flagship gorilla. After a decline in tourism in the 1990s, gorilla visitation has since increased from less than 1200 tourists in 2000 to a record of 7417 visitors in 2004. With visitors paying US $375 each to see the gorillas, these tourists have generated over $3 million in revenue every year since 2005. This has also contributed to the creation of many new jobs to cope with the management and maintenance of the National Park and its related touristic activities.
According to the Rwandan government, the majority of the revenue produced by tourism is reinvested in the park and in wildlife conservation. Some of these profits are also devoted to local projects in the area so that the local people can also benefit from the enormous revenues generated by the park.
Rwanda’s wetland restoration efforts are another milestone in rebuilding the country’s natural capital. The wetlands in Rwanda cover a total area of 165,000 hectares, thereby comprising about 7 per cent of the country’s total surface area. The marshy lakeside Akanyaru complex of Nyabarongo and Akagera National Park are hot spots for biodiversity and are especially rich in bird species. The Association for the Conservation of Nature in Rwanda is combating the intensive illegal farming along the Nyabarongo River by eliminating agricultural crops and training the local community in the production of high-quality products made from materials harvested sustainably from the wetland, such as papyrus and pennisetum.
This conservation programme has produced not only environmental but also economic benefits. For example, previously, basket weavers manufactured low-quality products and sold them for $2 to $3. After receiving training and gaining access to new markets, these same individuals can now sell higher-quality woven baskets for $10.
Similarly, a wetland restoration effort in Rugezi has also improved livelihoods and created alternative forms of employment. Largely owing to the degradation of Rugezi’s wetland ecosystem and drop in water levels, the Nturuka power generation dropped systematically between 2003 and 2007 – translating into economic losses of $856,994 for the electricity-producing ELECTROGAZ. Ecosystem restoration efforts began in 2005, and by 2008 the recovery was estimated at $149,670. Increased water levels also led to the construction of a 2.1 MW hydro power station and jobs for rural residents with multiplier effects for other socio-economic activities.